Houston, Texas.- “Hoy, la Corte Suprema se puso del lado de la crueldad y dio la espalda a las personas que huyen de la violencia y la persecución” escribió Rebecca Cassler, Abogada Principal de Litigios del American Immigration Council al conocer el fallo de la Corte Suprema sobre las solicitudes de asilo.

Una mayoría de los magistrados de la Corte Suprema dictaminó hoy que la administración Trump puede rechazar a los solicitantes de asilo en los puertos de entrada a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México. A pesar de que tribunales de instancias inferiores habían determinado reiteradamente que tal práctica violaba tanto la ley federal de inmigración como el derecho internacional, seis magistrados concluyeron lo contrario.

“Nuestro caso de larga trayectoria “Mullin v. Al Otro Lado” -presentado originalmente en 2017- impugnaba una política ya extinta, bajo la cual los funcionarios de inmigración impedían que las personas que buscaban seguridad pisaran suelo estadounidense cuando acudían a los puertos de entrada para solicitar asilo”, dijo la abogado.

Aseveró que la decisión de hoy rechaza la responsabilidad legal del gobierno de examinar y procesar a quienes solicitan asilo, una obligación establecida por el Congreso como respuesta directa a los horrores de la Segunda Guerra Mundial.

Explicó que durante más de 40 años, personas y familias que huían de la persecución, la tortura y la muerte pudieron solicitar protección en los puertos de entrada de EE. UU., ejerciendo su derecho legal a acceder al proceso de asilo. El fallo anula en la práctica la ley que exige el acceso al asilo en la frontera y desperdicia la reputación —antes reconocida— de Estados Unidos como un faro de esperanza para quienes buscan seguridad.

En su opinión disidente, la magistrada de la Corte Suprema Sonia Sotomayor advirtió sobre las consecuencias de rechazar a personas vulnerables en la frontera:

“Las consecuencias de la decisión de hoy son predecibles. Más personas morirán. Más personas intentarán cruzar la frontera ilegalmente; algunas lo lograrán y otras no. Más personas se verán obligadas a caminar a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México en condiciones peligrosas, tratando de encontrar un puerto de entrada donde sean examinadas. Más personas se verán obligadas a regresar y serán víctimas de violencia debido a algo que no pueden —o no deberían tener que— cambiar de sí mismas, como su raza, religión, nacionalidad u opinión política. Dado que esto no es lo que dijo el Congreso ni lo que sus palabras permiten, expreso respetuosamente mi disenso”.

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